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Después de unos meses o años de estar juntos, la euforia del amor se puede desvanecer. Es un ciclo natural en muchas de las relaciones. Poco a poco, las llamadas telefónicas se convierten en molestias, el contacto no es siempre bienvenido y la idiosincrasia de tu cónyuge, en vez de ser agradable, te frustra. Los síntomas de esta etapa varían con cada relación, notarás una gran diferencia entre la etapa inicial y el desenamoramiento. En este punto, comenzamos a preguntarnos, "¿Estoy con la persona correcta?" Y al reflexionar sobre la euforia del amor que una vez tuvimos, la deseamos tener con alguien más, esto es cuando empezamos a dudar. La infidelidad es muy común en nuestros tiempos, pero la respuesta a este dilema no está en ser infiel.
La clave en una relación no es encontrar a la persona adecuada, sino aprender a amar a la que encontraste, con todas sus virtudes y defectos. Mi madre algún día me dijo “Enamorarse es fácil; continuar enamorado toda la vida es realmente especial”. Mantener el amor necesita tiempo, esfuerzo y energía. Y lo más importante, sabiduría. El amor por lo tanto es una "decisión". No es sólo un sentimiento. Recuerda esto siempre: Dios determina quién entra en tu vida. Depende de cada uno decidir continuar enamorándose o pagar el precio en olvidar y fracasar. Te dejo mi frase favorita: “Quiero que me hagas el amor, pero de tu vida...”



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