lunes, 4 de agosto de 2025

Jefecitos, Call Centers y Otras Tragedias Chapinas...

Recién cumplí 50 años y, aunque esperaba una etapa más estable y respetada, resulta que estoy más desempleado que nunca. No soy "Hommie", no soy deportado, y tampoco estoy metido en líos, pero pareciera que eso es lo que más valoran hoy en los procesos de reclutamiento. ¡Qué irónico! Si tenés experiencia, te dicen que estás "sobrecalificado"; si no la tenés, sos "poco competitivo". Al final, parece que solo buscan a alguien que no les opaque la mediocridad. Veamos el caso de la Universidad Rafael Landívar. Uno pensaría que en un lugar de formación académica habría más inteligencia emocional y respeto. ¡Pero no! Hay jefes que creen que tener un cargo es igual a tener licencia para amargarle la vida a los demás. Y si hablamos de los call centers como Transactel, donde estuve cuatro años dando todo, capacitándome, cubriendo turnos, manejando métricas imposibles, y al final... ¡una indemnización de Q2500!(miserable). O sea, ¿me dieron un aplauso o me tiraron monedas? Casi que esperaba que me dijeran: "Gracias por todo, aquí está su souvenir de la explotación laboral". Pero lo más triste (o ridículo) es que en este país hacer bien tu trabajo no te garantiza nada. Si lo hacés bien, te tachan de amenazante. Si lo hacés mal, te premian con una fiesta, piñata y pastel. En serio, estamos en un mundo de cabeza donde lo lógico es castigado y lo absurdo es celebrado. Me he topado con gerentes que en lugar de liderar, desmoralizan. Con supervisores que se jactan de su autoridad mientras no pueden ni redactar un correo coherente. Y con colegas que sobreviven chupando medias, porque es más rentable eso que aprender a hacer bien una presentación en PowerPoint. Pero aquí seguimos, con la cabeza en alto y la dignidad intacta. Porque aunque el mundo esté de cabeza, todavía hay quienes creemos que la ética, la responsabilidad y la empatía no son valores en extinción. PD: No somos árboles. Podemos movernos. Y si hay que mandar todo al carajo con estilo... pues se hace, pero con dignidad y una sonrisa sarcástica en la cara.

No hay comentarios:

Cuando la normalidad se rompe

La resistencia no siempre empieza con marchas ni discursos. A veces comienza en silencio, en ese instante incómodo donde la gente deja de f...