Mi línea de opinión es liberal y abierta, comprometida con expresar ideas con honradez y convicción. He colaborado en espacios como Revista Crónica, El Quetzalteco, Siglo XXI y La Voz de Xela. Actualmente escribo de forma independiente, con total libertad, lejos de tartamudos mentales o aduladores de turno. Me dirijo a quienes realmente valoran la lectura honesta, directa y sin filtros.
viernes, 23 de enero de 2026
El ciclismo y la economía que necesita enfermos...
“El ciclismo es la muerte lenta del planeta”. La frase cayó como una bomba en una sala llena de economistas. No porque atacara a la bicicleta, sino porque dejó al descubierto una verdad incómoda: el problema no es el ciclismo, es el modelo económico desde el cual lo observamos.
Desde una lógica puramente financiera, el ciclista es un mal ciudadano. No compra automóvil, no solicita préstamos, no consume gasolina, no paga parqueos, no genera multas ni congestiona autopistas. Tampoco engorda con facilidad, no vive en la sala de espera de los hospitales ni depende constantemente de medicamentos. En términos fríos, “no gasta lo suficiente”.
Bajo ese mismo prisma, una persona sana no es rentable. El sistema no mide bienestar, mide consumo. No premia la prevención, sino la corrección del daño. Cada problema de salud es una oportunidad de mercado. Cada enfermedad, una línea más en el Producto Interno Bruto.
Por eso, un nuevo restaurante de comida rápida es celebrado como progreso. Genera empleos, activa cadenas de suministro, llena clínicas, vende tratamientos, dietas, suplementos y soluciones para males que antes no existían o no eran tan comunes. Todo suma. Todo cuenta como crecimiento.
La paradoja es evidente: cuanto más enferma está la población, más “exitosa” parece la economía.
En Guatemala 🇬🇹 esta contradicción se vive a diario. Ciudades diseñadas para carros y no para personas. Aceras inexistentes o rotas. Ciclovías escasas, desconectadas o simbólicas. Mientras tanto, aumentan los índices de obesidad, diabetes e hipertensión, incluso en edades cada vez más jóvenes. El gasto en salud crece, pero la calidad de vida no siempre acompaña.
Al mismo tiempo, miles de guatemaltecos usan la bicicleta no por moda, sino por necesidad: para ir a trabajar, estudiar o transportar mercancía. Son invisibles para la planificación urbana, pero fundamentales para la economía real. Reducen tráfico, contaminación y costos públicos, aunque eso no siempre se refleje en las estadísticas que importan.
Entonces, la pregunta no es si la bicicleta es mala para la economía.
La verdadera pregunta es: ¿qué tipo de economía necesita que la gente se enferme para funcionar?
Elegir entre una bicicleta o un McDonald’s no es una broma ni una exageración. Es un espejo. Uno refleja un modelo basado en la salud, la autonomía y la sostenibilidad. El otro, un sistema que convierte el deterioro en negocio.
Tal vez el verdadero progreso no sea que la rueda del consumo nunca se detenga, sino que las personas puedan pedalear su vida con más libertad, menos deuda y mejor salud. Aunque eso no siempre haga felices a los indicadores económicos.
⸻
P.D.
Si una economía no sobrevive cuando la gente está sana, quizá no necesita más clientes… sino una revisión profunda de sus valores. 🚲🇬🇹
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